La recuperación del servicio ferroviario de pasajeros hacia el norte del país tiene una nueva fecha de referencia: antes de que concluya el actual sexenio. La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que el proyecto que contempla la conexión Ciudad de México–Saltillo–Monterrey–Nuevo Laredo deberá estar concluido y en operación antes de octubre de 2030, con el objetivo de ofrecer una alternativa de transporte de larga distancia frente a las actuales opciones carreteras y aéreas.
El proyecto forma parte de la estrategia federal para recuperar los trenes de pasajeros y contempla, en su tramo norte, una ruta de 396.3 kilómetros entre Saltillo y Nuevo Laredo. De acuerdo con la ficha oficial de Proyectos México, la infraestructura está diseñada para alcanzar una velocidad máxima de 200 kilómetros por hora y contempla estaciones y paraderos en puntos como Derramadero, Saltillo, Ramos Arizpe, García, Salinas Victoria, Bustamante, Lampazos, Anáhuac y Nuevo Laredo.
La dimensión del proyecto es relevante por su impacto potencial en la movilidad regional. La Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) estima una demanda de aproximadamente 20 mil pasajeros diarios para la ruta Saltillo–Nuevo Laredo, mientras que el conjunto de proyectos ferroviarios de pasajeros incluidos en este paquete podría alcanzar una demanda cercana a 70 mil usuarios diarios.
Sin embargo, el calendario presidencial contrasta con la magnitud de los trabajos todavía pendientes. La información oficial difundida en junio de 2026 reportó 23 frentes de trabajo activos en casi 180 kilómetros del tramo Saltillo–Nuevo Laredo, además de más de mil 150 trabajadores en campo y alrededor de 200 equipos de maquinaria. También se realizan obras de drenaje, producción de durmientes y trabajos estructurales en los viaductos del sector Monterrey–Nuevo Laredo.
El tramo ferroviario contempla además una compleja intervención en la zona metropolitana de Monterrey. El Gobierno federal informó que entre Monterrey y Nuevo Laredo se construyen tres viaductos que, en conjunto, suman 13.8 kilómetros, además de miles de pilas y trabes. Estas estructuras se agregan a las obras necesarias para garantizar la convivencia del nuevo servicio de pasajeros con la infraestructura ferroviaria existente.
Otro desafío será completar la conexión hacia la Ciudad de México. La estrategia ferroviaria federal contempla la expansión de la red mediante los proyectos Ciudad de México–Querétaro y Querétaro–Irapuato, además de la continuidad hacia el norte. La propia Presidencia ha señalado que los proyectos ferroviarios forman parte de una política de recuperación del transporte de pasajeros y que durante la actual administración se prevé construir miles de kilómetros de infraestructura ferroviaria pública.
El Gobierno federal también ha avanzado en la liberación del derecho de vía, uno de los principales obstáculos para este tipo de obras. En octubre de 2025, Presidencia reportó que el tramo Saltillo–Nuevo Laredo tenía un avance de 71 por ciento en la liberación del derecho de vía, dentro de un proceso que involucró predios, comunidades, ejidos y municipios.
En términos de operación, la SICT ha señalado que los trenes podrían alcanzar velocidades de entre 160 y 200 kilómetros por hora, con un recorrido estimado de menos de dos horas entre Monterrey y Nuevo Laredo y de alrededor de tres horas y media desde Saltillo. El proyecto contempla unidades para distintos tipos de servicio y una flota que, de acuerdo con información oficial, alcanzaría 47 trenes para las rutas contempladas en esta etapa.
El reto, por tanto, no se limita a colocar vías y estaciones. La meta de tener el Tren del Norte operando antes de octubre de 2030 dependerá de mantener el ritmo de construcción, concluir licitaciones, resolver infraestructura urbana y garantizar la coordinación entre autoridades federales y estatales. La distancia entre el anuncio político y la conclusión efectiva de una obra de esta escala será uno de los principales indicadores para evaluar el cumplimiento de la estrategia ferroviaria del actual gobierno.
De concretarse, el Tren del Norte podría modificar la conectividad entre el centro, el noreste y la frontera norte, particularmente para ciudades con alta actividad industrial y comercial. No obstante, el cumplimiento del plazo anunciado exigirá que los avances físicos, presupuestales y administrativos mantengan una trayectoria consistente durante los próximos años. Más que la promesa de una nueva ruta, el desafío será convertir el calendario presidencial en una infraestructura operativa, funcional y financieramente sostenible.
